Nuestra fe también orienta lo que celebramos
La Biblia no menciona Halloween por su nombre. Por eso, nuestra decisión de no celebrarlo necesita apoyarse en principios bíblicos que nos ayuden a discernir lo que elegimos como familia. En Efesios 5:8–11, Pablo llama a los creyentes a vivir como hijos de luz, procurar lo que agrada al Señor y no participar en las obras de las tinieblas. Este pasaje habla de nuestra manera de vivir y de aquello que aprobamos. Nos invita a preguntarnos: ¿qué estamos celebrando?, ¿qué mensajes estamos haciendo nuestros?, ¿cómo se relaciona esto con la fe que enseñamos en casa? Estas preguntas también forman parte del discipulado. Nuestros hijos aprenden acerca de Jesús al escucharnos hablar de Él y al observar cómo Su Palabra orienta nuestras decisiones.
Hay cosas que no queremos convertir en diversión
No todas las personas viven Halloween de la misma manera. Muchas lo consideran una celebración de disfraces y dulces, sin ninguna intención espiritual. Podemos reconocerlo y, al mismo tiempo, decidir que nuestra familia no participará. La brujería, la invocación de espíritus y la fascinación por lo macabro aparecen con frecuencia entre sus símbolos y temáticas. Deuteronomio 18:10–12 muestra que las prácticas de adivinación y consulta a los muertos son incompatibles con la fidelidad a Dios. Aunque representar algo en un disfraz no equivale automáticamente a practicarlo, como padres podemos decidir que no queremos presentarlo a nuestros hijos como algo atractivo o digno de celebración. Los dulces y el juego de disfraces pueden disfrutarse en muchos otros momentos. Nuestra decisión tiene que ver con el significado de la celebración en la que elegimos participar.
Nuestra decisión debe nacer de la convicción
Para enseñar a nuestros hijos a discernir, necesitamos darles razones que puedan comprender. Decirles que algo terrible les sucederá si se acercan a una decoración puede generar miedo y confusión. Tampoco necesitamos atribuir poderes espirituales a cada objeto que encuentren. En Juan 8:12, Jesús se presenta como la luz del mundo. Esa verdad nos permite hablar con confianza: pertenecemos a Él y queremos que nuestras decisiones sean coherentes con lo que nos enseña. También necesitamos cuidar lo que comunicamos sobre otras familias. No celebrar Halloween no nos hace superiores. Podemos sostener nuestra convicción y tratar con respeto a quienes toman una decisión distinta, sin enseñar a nuestros hijos a burlarse, señalar o rechazar a sus compañeros.
Cómo hablarlo con los niños
Cuando un niño pregunta por qué no celebramos Halloween, necesita entender qué relación tiene esa decisión con Jesús. Podemos explicarle que la Biblia nos enseña a buscar a Dios y rechaza prácticas como la brujería y la consulta a los muertos. Por eso, en nuestra familia elegimos no participar en una celebración que incluye esas prácticas entre sus símbolos y temas de diversión. Esta explicación le da una razón concreta para comprender nuestra decisión. Es posible que nuestros hijos solo estén pensando en los dulces, el disfraz o la fiesta de la escuela. Podemos reconocer que esas cosas les gustan y explicarles que comer dulces o disfrazarse para jugar no es, por sí mismo, el problema. Lo que estamos decidiendo es de qué celebración queremos formar parte y qué significado tiene. Esa distinción evita que terminen pensando que cualquier disfraz es malo o que deben tener miedo de una decoración. También necesitamos aceptar que comprender nuestra decisión no siempre hará que les guste. Pueden sentirse excluidos o decepcionados al ver que sus amigos participan. Escucharlos sin regañarlos por sentirse así permite que sigan acercándose a nosotros con sus preguntas. El límite puede mantenerse mientras acompañamos su tristeza. Y si preguntan por quienes sí celebran, podemos recordarles que nuestra responsabilidad es vivir conforme a lo que creemos y tratar a los demás con amor. No necesitan señalar a sus compañeros ni asumir que son malos. Así, esta conversación les enseña tanto a sostener una convicción como a convivir con personas que toman decisiones diferentes.
Aprovecha octubre para enseñarles acerca de Jesús
Podemos planear una noche en familia, leer una historia bíblica, preparar algo especial o hacer una actividad sobre Jesús como la luz del mundo. Estas experiencias nos permiten compartir con alegría las verdades que fundamentan nuestra decisión. Sin embargo, ninguna actividad necesita funcionar como un premio para que nuestros hijos acepten el límite. Habrá ocasiones en las que sigan sintiendo decepción, y también podemos acompañarlos en eso. La meta es que, conforme crezcan, aprendan a examinar lo que la cultura les ofrece a la luz de la Palabra de Dios. Nuestra explicación será más comprensible si durante todo el año nos ven buscar al Señor, disfrutar de Sus regalos y vivir con amor hacia los demás. No celebrar Halloween es una decisión dentro de una tarea mucho más amplia: acompañar a nuestros hijos a conocer a Jesús y aprender a vivir conforme a Su Palabra.
Recursos útiles: La luz que la oscuridad no pudo apagar