Un devocional familiar no tiene que parecer una clase de Biblia
A veces pensamos que un buen devocional implica reunir a toda la familia durante treinta minutos, leer varios pasajes, explicar cada versículo y terminar con una oración profunda. Pero cuando intentamos hacer eso con niños pequeños, es normal que aparezcan el cansancio, las distracciones y el aburrimiento. El objetivo de un devocional no es que tus hijos permanezcan sentados el mayor tiempo posible, es ayudarles a conocer a Dios poco a poco. La profundidad no siempre depende de la duración. Muchas veces nace de la constancia.
Adapta el momento a la etapa de tus hijos
Una de las razones por las que muchos padres se desaniman es porque esperan lo mismo de un niño de tres años que de uno de diez, pero los niños aprenden de formas distintas según su desarrollo. Los más pequeños necesitan movimiento, historias sencillas y experiencias concretas. Conforme crecen, pueden mantener conversaciones más largas, hacer preguntas y reflexionar sobre lo que leen. No adaptes a tus hijos al devocional, adapta el devocional a tus hijos.
La vida cotidiana también puede ser un devocional
Cuando pensamos en un devocional familiar, solemos imaginar un momento específico del día, y aunque tener ese espacio es valioso, la Biblia nos muestra algo aún más amplio. En Deuteronomio 6, Dios no solo mandó enseñar Su Palabra, sino hablar de ella al sentarse en casa, al andar por el camino, al acostarse y al levantarse. Eso significa que las conversaciones sobre Dios no tienen que limitarse a un sofá con una Biblia abierta. También pueden surgir mientras preparan la cena, observan una flor, resuelven un conflicto entre hermanos o dan gracias por algo que ocurrió durante el día. Los momentos cotidianos suelen convertirse en las oportunidades más memorables para discipular, más importante que hacerlo perfecto es hacerlo constante. Habrá días en los que tus hijos participen con entusiasmo, y otros en los que parezca que nadie está prestando atención. No midas el éxito del devocional por cómo salió ese día, piensa en él como una semilla. Cada conversación, cada oración y cada pequeña enseñanza forman parte de algo mucho más grande que quizá no podrás ver de inmediato. Dios es quien hace crecer esa semilla, nuestra responsabilidad es seguir sembrando.
Cinco ideas para comenzar esta semana
No necesitas preparar un estudio complicado. Puedes empezar con algo tan sencillo como esto: 1. Leer un pasaje corto de la Biblia. 2. Hacer una sola pregunta sobre lo que leyeron. 3. Conversar sobre cómo esa verdad se relaciona con algo que vivieron ese día. 4. Orar juntos usando sus propias palabras. 5. Terminar recordando una verdad acerca del carácter de Dios. Con el tiempo descubrirás que no estás formando el hábito de hacer devocionales. Estás formando el hábito de buscar a Dios en familia.
La meta no es completar una rutina
Es fácil pensar que un devocional exitoso es aquel que nunca se interrumpe y en el que todos permanecen atentos, pero esa no es la verdadera meta. Lo que realmente queremos es que nuestros hijos descubran que Dios está presente en la vida diaria, que Su Palabra tiene algo que decir sobre lo que viven y que pueden acercarse a Él con confianza. Si eso ocurre, aunque haya interrupciones, preguntas inesperadas o días difíciles, el devocional habrá cumplido su propósito. No estamos criando hijos que sepan seguir una rutina religiosa, estamos acompañándolos a conocer a Jesús.
Recursos útiles: Hablar con Dios en casa